lunes, 26 de mayo de 2008

Venía con la boca tapada con un pañuelo, como si estuviera en el desierto, y entró en el bar ese que se llama “Yo”. Se sentó y compró una cerveza barata con dinero vampiro. La banda tocaba al volumen exacto como para no pensar. El deseo se proyectó balbuceante y directo como un rayo por sus ojos y alcanzó a ver a la chica que iba al baño demasiado seguido. La palidez cadavérica de la muchacha despertaba su más bajo y excitante instinto pedonecrofílico. ¿Que más divertido que los deseos instintivos para convertir en realidad?

No hay comentarios: