Antes, en tiempos de crisis, se agudizaba el ingenio. Hoy, se enaltece la resignación.
Cuando nos cansamos de hacer bolitas de pelusas extirpadas de ombligos ajenos y hacemos fuerzas para no matar al que se cruce en la intersección de nuestros sueños, nos damos cuenta que el amor no es lo mismo que los cuentos y las películas prometían. La Verdad nos parece inútil y embarazosa, como un eructo que trepa por nuestra garganta mientras estamos besando al amor de nuestras vidas.
Melancólico desarmadero de la obnubilación sexual, la chatarra rojo pasión de sentimientos infructuosos se acumula en la mente y ciega los sentidos, obstaculiza la razón y nos hace lanzar con las garras afiladas sobre la presa más cercana. La desgarramos, la hacemos mierda, bebemos su sangre, robamos su juventud y después del décimo orgasmo huimos al extremo opuesto más lejano del Universo, implorándole a algún dios que por favor nunca nos haga reencontrar y que deje el Sol quieto de una puta vez.
El escritor se da cuenta realmente cuando llega al final solo cuando escribe su propia historia. El enamorado sabe cuando rendirse a los pies de una mujer solo cuando se miente a si mismo.
martes, 22 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
adonde estás vos ahora?
Ahora en mi trabajo. Vos?
Publicar un comentario