Hijo del Mar
Sable de Luz que parte en dos mi Ser.
Oscuridad total, imperecedera.
Reptamos sobre sus dominios, caemos hacia arriba,
Y volvemos a beber de las gotas chorreantes de su espalda.
Cambios infructíferos.
Calles que continúan más allá de mi mirada.
Praderas gigantescas que solo en sueños conoceré,
En juiciosos momentos que yagan mi piel.
Rudo yugo jugó.
Mantas hartas matan.
Solo poco salva.
Silva el silencio en este bosque de araucarias.
Y las hojas parecen aplaudir mis pensamientos
Y las ramas arañan mi piel
Y las arañas raman mis raíces.
Me devora una poesía carnívora, que come mis huesos y escupe mis uñas.
Mi propio mándala se destroza y me libera.
Entonces vuelo por las nubes violetas del ocaso.
Yo, Hijo del Viento.
El, Hijo del Mar.
Ambos, Niños Azules.
Vuelen, Niños Azules.
Háganle recordar al mundo que hay Amor.
Y, por que hay Amor, hay Dolor.
Y, por que hay Amor y Dolor, hay Arte.
Formulemos preguntas sin respuestas.
Muérdete los labios hasta que sangren.
Estalla en los colores que guardas en tu interior.
Y vuela, vuela sin destino tú también.
Encontrémonos en el cielo, que nos vio morir
Y nos verá nacer.
miércoles, 23 de abril de 2008
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1 comentario:
muérdete los labios hasta que sangren es tan malo como el helado viento que seca los ojos en una noche invernal. Guido te la comes doblada
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