Entre todos los que estaban ahí, había uno que despertaba pero no dormía.
La muerte lo esperaba al nacer.
Una voz,
simultaneamente,
Llegaba desde la multitud y desde la soledad
y arrastraba consigo cada palabra de una manera extrañamente hermosa.
Sufría el Mal del Escritor: su corazón se había cortado con papel.
¿Cómo podría detenerse?
¿Cómo sentirse decepcionado de aquellos que nunca le prometieron nada?
Caminó buscando abrigo de la lluvia
y, cuando reaccionó, había llegado al bosque.
Allí los árboles susurraron cantos de terror.
Su piel fue surcada por el filo de las ramas pardas.
La sabia lo curó y floreció en él.
Las ardillas se escondieron en su pelo y se trasformaron en preguntas,
y así se borró todo vestigio de solidez.
Olvidó la naturaleza humana que lo engaña,
el pulso de un mañana que nunca llegará,
los extraños códigos que creyó inventar.
La palidez del bosque lo llevó a creerse verde y eterno.
Cuando regreso a la ciudad, nadie pareció ver en él al hombre que despierta sin dormir
aunque todos lo reconocieron.
Que él crea ser lo que quiera creer que sea,
lo que realmente es no lo puede ocultar.
Por más que mutes mil veces,
por más que vivas lo suficiente como para descubrir todos los secretos,
no podrá ser otra cosa
Que la suma entre lo que inventaste que sos
Y lo que odias ser.
martes, 3 de junio de 2008
lunes, 26 de mayo de 2008
Crear una metáfora que no caiga en la comparación odiosa
Casa ladrillos a la vista.
Techo de membrana y zinc.
Crear una metáfora que no caiga en la comparación odiosa.
Iluminado por un sol gris y frío, marchaba a la vera de una ciudad que me marginaba, que me atraía ignorándome.
Buscaba a alguien que me quisiera y tratara de entenderme para tener nuevamente alguien a quien herir.
Mientras, el camino se presentaba tan recto y rutinario que desde aquí podía ver el final mediocre en el que se hundía: la nada.
Acá las propagandas se roban el color de los colectivos.
La gente habla por celular, sola, mirando el piso. Gesticula. Mueve los brazos, ríe, grita.
Yo, como todo ciudadano, juego con sus reglas: Me horrorizo cuando se horrorizan, me quejo cuando se quejan, simulo vivir aunque este muerto.
Quizás sea el más muerto en esta marea de cadáveres.
El único que se da cuenta de su condición, que huele su cuerpo hinchado pudriéndose en el entretejido social.
Edificios empresariales.
Paredes de concreto y vidrio.
Crear una metáfora que no caiga en la comparación odiosa.
Techo de membrana y zinc.
Crear una metáfora que no caiga en la comparación odiosa.
Iluminado por un sol gris y frío, marchaba a la vera de una ciudad que me marginaba, que me atraía ignorándome.
Buscaba a alguien que me quisiera y tratara de entenderme para tener nuevamente alguien a quien herir.
Mientras, el camino se presentaba tan recto y rutinario que desde aquí podía ver el final mediocre en el que se hundía: la nada.
Acá las propagandas se roban el color de los colectivos.
La gente habla por celular, sola, mirando el piso. Gesticula. Mueve los brazos, ríe, grita.
Yo, como todo ciudadano, juego con sus reglas: Me horrorizo cuando se horrorizan, me quejo cuando se quejan, simulo vivir aunque este muerto.
Quizás sea el más muerto en esta marea de cadáveres.
El único que se da cuenta de su condición, que huele su cuerpo hinchado pudriéndose en el entretejido social.
Edificios empresariales.
Paredes de concreto y vidrio.
Crear una metáfora que no caiga en la comparación odiosa.
Venía con la boca tapada con un pañuelo, como si estuviera en el desierto, y entró en el bar ese que se llama “Yo”. Se sentó y compró una cerveza barata con dinero vampiro. La banda tocaba al volumen exacto como para no pensar. El deseo se proyectó balbuceante y directo como un rayo por sus ojos y alcanzó a ver a la chica que iba al baño demasiado seguido. La palidez cadavérica de la muchacha despertaba su más bajo y excitante instinto pedonecrofílico. ¿Que más divertido que los deseos instintivos para convertir en realidad?
domingo, 11 de mayo de 2008
La maldita y hermosa razón
Si pudiera abandonarme en unas manos me abandonaría sin dudarlo. No importa que sean buenas o malas, hay que vivir las experiencias. Alejarse de uno mismo es tan reconfortante... Como aislarse en unas de esas cámaras donde no entra (ni sale) el sonido, sin luz, sin tacto, sintiendose encerrado y liberado en la oscuridad y sólo con su propia piel como límite.
El defecto tal vez sea el miedo. El miedo que condiciona la maldita y hermosa razón. Pensar que el Único y Real miedo es lo desconocido. Y aquí encontramos la paradoja:
Como dijo el poeta:
Vivir es preguntar pero la duda es la vida; saber es morir.
¡Que rico se siente ser un ignorante tan culto! Pero que solitario se siente uno en la cima (del conocimiento/de la ignorancia)...
El defecto tal vez sea el miedo. El miedo que condiciona la maldita y hermosa razón. Pensar que el Único y Real miedo es lo desconocido. Y aquí encontramos la paradoja:
Como dijo el poeta:
Vivir es preguntar pero la duda es la vida; saber es morir.
¡Que rico se siente ser un ignorante tan culto! Pero que solitario se siente uno en la cima (del conocimiento/de la ignorancia)...
martes, 29 de abril de 2008
Punto de inflexión
Cabezas reducidas por jíbaros
cuelgan de las paredes.
Antiguos instrumentos mágicos
para rituales olvidados.
En el sarro de la bañadera
se dibuja una sonrisa fantasmagórica
de un tono gris amarronado.
Años de reir a carcajadas en el baño
salpicando el piso con gotas de sangre
y formando charcos hemoglobínicos.
Un gorgoteo seco se repite
potenciado en el eco del sonido,
rebotando en los azulejos rotos.
Ruido a movimiento acuáticos,
tanques que no se terminan de cargar,
agua estancada que se pudre.
Tirado en el suelo
rasguñando las baldosas
logro ver todo desde una perspectiva fétida.
El piso del baño es frío como la muerte
y desde acá no hay bajeza ni humedad
ni llanto ni familia ni religión
ni estados ni sueños ni seguridad.
Se ve una mancha negra.
Lentamente va devorando el techo
que solloza con lagrimas secas
un llanto de cielorrazo.
Mis dedos, embarrados de chocolate
crean dibujos surrealistas en la porcelana
cuelgan de las paredes.
Antiguos instrumentos mágicos
para rituales olvidados.
En el sarro de la bañadera
se dibuja una sonrisa fantasmagórica
de un tono gris amarronado.
Años de reir a carcajadas en el baño
salpicando el piso con gotas de sangre
y formando charcos hemoglobínicos.
Un gorgoteo seco se repite
potenciado en el eco del sonido,
rebotando en los azulejos rotos.
Ruido a movimiento acuáticos,
tanques que no se terminan de cargar,
agua estancada que se pudre.
Tirado en el suelo
rasguñando las baldosas
logro ver todo desde una perspectiva fétida.
El piso del baño es frío como la muerte
y desde acá no hay bajeza ni humedad
ni llanto ni familia ni religión
ni estados ni sueños ni seguridad.
Se ve una mancha negra.
Lentamente va devorando el techo
que solloza con lagrimas secas
un llanto de cielorrazo.
Mis dedos, embarrados de chocolate
crean dibujos surrealistas en la porcelana
viernes, 25 de abril de 2008
Con la madrugada pesándome en los hombros...
Con la madrugada pesándome en los hombros
Destrozo las luces que incendian los tormentos que alguna vez sentí,
Todas las debilidades que quedan a flor de piel.
Me despojo de todo aquello que no lleva mi nombre,
De todas las cosas que son ajenas a mi mismo,
Adoleciendo de las virtudes que comparto con la oscuridad,
Pintando con carbones secos, delimitando las inconexas providencias,
Robando frases que no me pertenecen pero siento tan mías como mis manos.
Cansado de caminar, vuelo por la calle.
Miro a la gente que va hacia sus destinos y vuelve de sus desengaños,
Que miente sin necesidad,
Que vive sus propias epopeyas sumamente parecidas a las nuestras,
Transitando las veredas oxidadas
Ajadas por el tiempo, la humedad y el desengaño.
Calles que se cruzan, se odian y se vuelven a reconciliar.
Y así, se crean las avenidas que nos llevan hasta casa,
Hasta alguna casa,
Hasta algún lugar en donde el torrente no se arremoline tanto.
Destrozo las luces que incendian los tormentos que alguna vez sentí,
Todas las debilidades que quedan a flor de piel.
Me despojo de todo aquello que no lleva mi nombre,
De todas las cosas que son ajenas a mi mismo,
Adoleciendo de las virtudes que comparto con la oscuridad,
Pintando con carbones secos, delimitando las inconexas providencias,
Robando frases que no me pertenecen pero siento tan mías como mis manos.
Cansado de caminar, vuelo por la calle.
Miro a la gente que va hacia sus destinos y vuelve de sus desengaños,
Que miente sin necesidad,
Que vive sus propias epopeyas sumamente parecidas a las nuestras,
Transitando las veredas oxidadas
Ajadas por el tiempo, la humedad y el desengaño.
Calles que se cruzan, se odian y se vuelven a reconciliar.
Y así, se crean las avenidas que nos llevan hasta casa,
Hasta alguna casa,
Hasta algún lugar en donde el torrente no se arremoline tanto.
miércoles, 23 de abril de 2008
Muérdete los labios hasta que sangren
Hijo del Mar
Sable de Luz que parte en dos mi Ser.
Oscuridad total, imperecedera.
Reptamos sobre sus dominios, caemos hacia arriba,
Y volvemos a beber de las gotas chorreantes de su espalda.
Cambios infructíferos.
Calles que continúan más allá de mi mirada.
Praderas gigantescas que solo en sueños conoceré,
En juiciosos momentos que yagan mi piel.
Rudo yugo jugó.
Mantas hartas matan.
Solo poco salva.
Silva el silencio en este bosque de araucarias.
Y las hojas parecen aplaudir mis pensamientos
Y las ramas arañan mi piel
Y las arañas raman mis raíces.
Me devora una poesía carnívora, que come mis huesos y escupe mis uñas.
Mi propio mándala se destroza y me libera.
Entonces vuelo por las nubes violetas del ocaso.
Yo, Hijo del Viento.
El, Hijo del Mar.
Ambos, Niños Azules.
Vuelen, Niños Azules.
Háganle recordar al mundo que hay Amor.
Y, por que hay Amor, hay Dolor.
Y, por que hay Amor y Dolor, hay Arte.
Formulemos preguntas sin respuestas.
Muérdete los labios hasta que sangren.
Estalla en los colores que guardas en tu interior.
Y vuela, vuela sin destino tú también.
Encontrémonos en el cielo, que nos vio morir
Y nos verá nacer.
Sable de Luz que parte en dos mi Ser.
Oscuridad total, imperecedera.
Reptamos sobre sus dominios, caemos hacia arriba,
Y volvemos a beber de las gotas chorreantes de su espalda.
Cambios infructíferos.
Calles que continúan más allá de mi mirada.
Praderas gigantescas que solo en sueños conoceré,
En juiciosos momentos que yagan mi piel.
Rudo yugo jugó.
Mantas hartas matan.
Solo poco salva.
Silva el silencio en este bosque de araucarias.
Y las hojas parecen aplaudir mis pensamientos
Y las ramas arañan mi piel
Y las arañas raman mis raíces.
Me devora una poesía carnívora, que come mis huesos y escupe mis uñas.
Mi propio mándala se destroza y me libera.
Entonces vuelo por las nubes violetas del ocaso.
Yo, Hijo del Viento.
El, Hijo del Mar.
Ambos, Niños Azules.
Vuelen, Niños Azules.
Háganle recordar al mundo que hay Amor.
Y, por que hay Amor, hay Dolor.
Y, por que hay Amor y Dolor, hay Arte.
Formulemos preguntas sin respuestas.
Muérdete los labios hasta que sangren.
Estalla en los colores que guardas en tu interior.
Y vuela, vuela sin destino tú también.
Encontrémonos en el cielo, que nos vio morir
Y nos verá nacer.
martes, 22 de abril de 2008
Ombligos Ajenos
Antes, en tiempos de crisis, se agudizaba el ingenio. Hoy, se enaltece la resignación.
Cuando nos cansamos de hacer bolitas de pelusas extirpadas de ombligos ajenos y hacemos fuerzas para no matar al que se cruce en la intersección de nuestros sueños, nos damos cuenta que el amor no es lo mismo que los cuentos y las películas prometían. La Verdad nos parece inútil y embarazosa, como un eructo que trepa por nuestra garganta mientras estamos besando al amor de nuestras vidas.
Melancólico desarmadero de la obnubilación sexual, la chatarra rojo pasión de sentimientos infructuosos se acumula en la mente y ciega los sentidos, obstaculiza la razón y nos hace lanzar con las garras afiladas sobre la presa más cercana. La desgarramos, la hacemos mierda, bebemos su sangre, robamos su juventud y después del décimo orgasmo huimos al extremo opuesto más lejano del Universo, implorándole a algún dios que por favor nunca nos haga reencontrar y que deje el Sol quieto de una puta vez.
El escritor se da cuenta realmente cuando llega al final solo cuando escribe su propia historia. El enamorado sabe cuando rendirse a los pies de una mujer solo cuando se miente a si mismo.
Cuando nos cansamos de hacer bolitas de pelusas extirpadas de ombligos ajenos y hacemos fuerzas para no matar al que se cruce en la intersección de nuestros sueños, nos damos cuenta que el amor no es lo mismo que los cuentos y las películas prometían. La Verdad nos parece inútil y embarazosa, como un eructo que trepa por nuestra garganta mientras estamos besando al amor de nuestras vidas.
Melancólico desarmadero de la obnubilación sexual, la chatarra rojo pasión de sentimientos infructuosos se acumula en la mente y ciega los sentidos, obstaculiza la razón y nos hace lanzar con las garras afiladas sobre la presa más cercana. La desgarramos, la hacemos mierda, bebemos su sangre, robamos su juventud y después del décimo orgasmo huimos al extremo opuesto más lejano del Universo, implorándole a algún dios que por favor nunca nos haga reencontrar y que deje el Sol quieto de una puta vez.
El escritor se da cuenta realmente cuando llega al final solo cuando escribe su propia historia. El enamorado sabe cuando rendirse a los pies de una mujer solo cuando se miente a si mismo.
lunes, 21 de abril de 2008
Aprendiz enamorado
El Gemólogo levanta su vista del zafiro blanco
para contemplarlo de a miles en el cielo.
La potestad de un universo que no comprende
se cierne sobre él.
Se desfasa en el silencio.
para contemplarlo de a miles en el cielo.
La potestad de un universo que no comprende
se cierne sobre él.
Se desfasa en el silencio.
viernes, 18 de abril de 2008
Mi voz vegetal
Sabía que por más que me rebajara en sacrosanta y humillante plegaria, nadie sería capaz de suministrarme una dosis suficiente. Porque las dosis habían dejado de ser dosis: eran un brote que había crecido y crecido y no paraba, empujado por el mismo peso de su tamaño y vitalidad, tornándose más fuerte que lo deseado. En mis venas el tiempo se convertía en sabia, haciendo estragos, convirtiendo cada fibra animal en vegetal.
Encuadrando la pesadez, un sol que raja la tierra, obnubila la mirada y enturbia los pensamientos.
Encuadrando la pesadez, un sol que raja la tierra, obnubila la mirada y enturbia los pensamientos.
jueves, 17 de abril de 2008
La cabeza es una caja en movimiento
Lo feo del baldío son las baldosas rotas. Eso es lo que lo traslada a otro tiempo lejano y remoto. Eso y el aire pesado, denso, sopor de los charcos negros en donde se pudren cartones viejos.
La sed de estar parado mirando al frente, la poca osadía, el desparpajo. Sabia decisión encaravanarnos hasta estos lugares para terminar durmiendo en un lugar sin techo y con paredes pestilentes. Casi que ni valió la pena saltar el tapial para encontrarnos con los restos.
Entonces el baldío se transforma en antorchas y las antorchas en amaneceres plagados de moscas y de rayos del sol. Debajo el ejercito derrotado. Los cadáveres dejaron de sangrar y ahora comienzan a supurar. Los insectos se arremolinan, comen las partes blandas: Ojos, lengua, genitales. Eso es lo primero que un cuerpo pierde cuando se deja pudrir al aire libre. Pasan días y la panza comienza a hincharse, repleta como está de jugos. El cadáver engorda. Mientras, los insectos ya anidan en el cuerpo: Las cavidades son madrigueras de gusanos. Tan repletos están los agujeros que los resbaladizos habitantes caen y vuelven a subir. La cabeza es una caja en movimiento. Increíble como el movimiento vuelve ya sin vida. Los insectos están de parabienes: A esta altura ya están devorando las jugosas carnosidades del cerebro. Luego solo queda la descomposición.
El olor y la nausea nos vuelven el baldío, victima de asesinos históricos. En cada mechón de pasto crece el pasado y se arraiga. Como los gusanos.
La sed de estar parado mirando al frente, la poca osadía, el desparpajo. Sabia decisión encaravanarnos hasta estos lugares para terminar durmiendo en un lugar sin techo y con paredes pestilentes. Casi que ni valió la pena saltar el tapial para encontrarnos con los restos.
Entonces el baldío se transforma en antorchas y las antorchas en amaneceres plagados de moscas y de rayos del sol. Debajo el ejercito derrotado. Los cadáveres dejaron de sangrar y ahora comienzan a supurar. Los insectos se arremolinan, comen las partes blandas: Ojos, lengua, genitales. Eso es lo primero que un cuerpo pierde cuando se deja pudrir al aire libre. Pasan días y la panza comienza a hincharse, repleta como está de jugos. El cadáver engorda. Mientras, los insectos ya anidan en el cuerpo: Las cavidades son madrigueras de gusanos. Tan repletos están los agujeros que los resbaladizos habitantes caen y vuelven a subir. La cabeza es una caja en movimiento. Increíble como el movimiento vuelve ya sin vida. Los insectos están de parabienes: A esta altura ya están devorando las jugosas carnosidades del cerebro. Luego solo queda la descomposición.
El olor y la nausea nos vuelven el baldío, victima de asesinos históricos. En cada mechón de pasto crece el pasado y se arraiga. Como los gusanos.
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